Caminábamos por la calle
Y de repente
Supiste algo
Te miré y mis ojos preguntaron
Tu cuerpo se había rodeado de extrañas ondas de un naranja vibrante
Parecían salir de la palma de tus manos y estar atraídas por tu corazón
Jugaban a toda velocidad, oscilaban, te recorrían de pies a cabeza
No parecías notarlo
Supiste y actuaste
Me llevaste al hospital y yo no podía creerlo
Sabías incluso dónde estaba
Esperé en la ventana
Ella, débil y pálida en la cama
La gente a su alrededor con el rostro arrugado
Entraste y nadie dijo nada, pero el aire cambió de inmediato
Despacio y en silencio te sentaste al lado suyo y las cintas bailaban al ritmo de un vals
Tu nariz y su mejilla se encontraron mientras los dos pares de ojos permanecían cerrados
Tu mano y la suya como un imán, y ahí casi un estallido
Sus ondas violetas renacieron con fuerza y bailaron con las tuyas
Crecían segundo a segundo, y todo se llenó de brillo
Se entrelazaban sin chocarse y llenaban la habitación
Frenéticas y divertidas, sabiéndose puras
Se complementaban, se sabían fuertes, se amaban
Iban más allá de todo
Esa fuerza era excepcional e inseparable
Los ojos sonreían y las bocas se encontraron
No hacía falta más
Energía
Odio la cebolla, pero me parece increíble que haya una verdura que te robe lágrimas. Lágrimas saladas, que juntas forman un mar que tiene como esencia esa angustia. Un mar de cebollas.
martes, 2 de diciembre de 2014
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