martes, 2 de diciembre de 2014


Caminábamos por la calle
Y de repente
Supiste algo
Te miré y mis ojos preguntaron
Tu cuerpo se había rodeado de extrañas ondas de un naranja vibrante
Parecían salir de la palma de tus manos y estar atraídas por tu corazón
Jugaban a toda velocidad, oscilaban, te recorrían de pies a cabeza
No parecías notarlo
Supiste y actuaste
Me llevaste al hospital y yo no podía creerlo
Sabías incluso dónde estaba
Esperé en la ventana
Ella, débil y pálida en la cama
La gente a su alrededor con el rostro arrugado
Entraste y nadie dijo nada, pero el aire cambió de inmediato
Despacio y en silencio te sentaste al lado suyo y las cintas bailaban al ritmo de un vals
Tu nariz y su mejilla se encontraron mientras los dos pares de ojos permanecían cerrados
Tu mano y la suya como un imán, y ahí casi un estallido
Sus ondas violetas renacieron con fuerza y bailaron con las tuyas
Crecían segundo a segundo, y todo se llenó de brillo
Se entrelazaban sin chocarse y llenaban la habitación
Frenéticas y divertidas, sabiéndose puras
Se complementaban, se sabían fuertes, se amaban
Iban más allá de todo
Esa fuerza era excepcional e inseparable
Los ojos sonreían y las bocas se encontraron
No hacía falta más


Energía