Los cargaba en su alma, los sentía desatar eternas guerras dentro suyo sin llegar nunca a un acuerdo, lastimándose sin razón, desaprovechando - casi a consciencia- lo que podrían lograr juntos.
Sentimientos y razón cargaba ella, cáda uno representado en un anillo. Pesaban, pero daban una sensación de paz interior, daban una ilusión de balance.
En la derecha, la razón, traslúcida, verde esperanza, tan enigmática como para que desde ella se pudiera comprender el universo en un abrir y cerrar de ojos. Era de ella, era eterna, era universal, nadie la destronaba.
En la izquierda, un corazón dorado se dejaba ver desde su protección. Pequeño, pero con el lugar justo para albergar lo necesario. Lo suficientemente fuerte como para pelear con quien indiscutiblemente siempre representaba el bien, haciendo ver la aventura de no seguir ese camino.
¿Sentimientos o razón? Pensaba ella, y se miraba las manos buscando una respuesta. Dependia de ella en realidad, y de los riesgos que estuviera dispuesta a tomar. Sólo asi sus anillos representarían un apoyo, hasta el día en que se diera cuenta que en realidad, todo estaba dentro suyo.
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